Al poeta y Amigo Mariano Schuster ( Musica para Buenos Salvajes, Mariano Schuster, Buenos Aires, 13 Noviembre 2008 )


La poesía de Mariano Schuster, es firme, sedante, longitudinalmente alargada y fecunda. Reposa observador del entorno que se consume como el cigarro en el cenicero, seguro de la inminente llegada de una solución razonable a un mundo abocado al desastre como la patria azul, blanca y azul, que anda siempre prometiendo. Mantiene el texto un ritmo sutil y permanente, la brocha no es gruesa, no hay necesidad. Hábilmente dibuja con apenas tres colores, paisajes cercanos repasando la historia mas caliente, aún templada por los románticos revolucionarios, con un comedido ápice de nostalgia. La revolución, aquella indomable con barba, que descansa en el diván de los sueños vividos junto al sillón de orejas donde Rilke, apurando el ultimo tirito de rape danés, reclama a media voz a los poetas en la penumbra, ese espiritu comprometido que se desvaneció allá por los sesenta. La militancia que el tiempo pulveriza antes de lo previsible. Mariano, cristalino y liviano, curandero eficaz. Schuster observador de un mundo que apenas respeta ya lo esencial, la distancia corta, a raudales disiente en lo inherente del catálogo de porcelanas rotas; no apura el vaso, degustador del plano medio, administra con paciencia sibilina el tiempo y la pausa con eficaz estilo, sin contundencia innecesaria; se aproxima cauto al lugar de los hechos y resume con suficiente extensión causa y efecto, moldea el espíritu de lo esencialmente universal sin dañarlo, conocedor por otras veces que no vienen al caso del valor de lo breve, de aquello que se nos precipita y nos desvela el sueño, aquello que reclama presencia textual y literaria con forma y apellido en las noches de farra silenciosa y bonaerense. Sabe una vez mas el cantor que no es fácil vivir sin el perfume que deja la irreparable distancia que nos presta la memoria.