La Mirada

Tu mirada de avaricia desdeñosa y con malicia, me exaspera y me desquicia, me aniquila y ajusticia. Es nociva y vigorosa, no es ligera y es celosa, venenosa por activa es tan viva y tan golosa; que me roba de una herida la tirita y la glucosa; va limándome la vida, me hipoteca en mil pedazos, en intermitentes plazos esa mirada homicida va arañándome a guantazos entre asaltos y saqueos la paciencia en los paseos, la memoria en cada esquina sigilosa breve y fina como el agua de Bezoya; que si viene con la lluvia, va y se pierde por la… cara. Delirante paranoia no me des más ya la vara, no me acuses tu mirada faraónica y trapera, cazadora y perdiguera no me vendas despiadada tu sonrisa merengada por jolines te lo pido, no me atuses tu apellido de casposo pedigrí y si puedes dime, di; si hay detrás de tu mirada algo más que un bisturí. Tu mirada es rencorosa, dolorosa de calvario, más que fina es una losa como un hueso hipotecario. Estimula el apetito despiadado y usurero; la mirada del maldito, saqueador y bandolero. Es preciso defenderse de esos ojos tan nocivos, no arrimarse, desprenderse, de sus métodos coactivos. Te la dan por la patilla y además te llevan preso. Te rebanan la cartilla, “yavestruz” te dejan tieso. No me gustan esos ojos que me apuntan desalmados, van dejando los despojos de inocentes desgraciados. Ojo a los inquisidores elegidos por decreto; venden como no, favores a granel y sin respeto. Ojo atento a esa mirada, no la pierdas ni un segundo, es terrible y depravada, la más mala de este mundo. Su sonrisa es amargada, su discurso nauseabundo, es de nota su apellido de casposo pedigrí. Bien si puedes dime di, si hay detrás de esa mirada, algo más que un bisturí.